OPINIÓN | El lujo de leer

Me declaro fan de los libros en papel. El olor a nuevo, pasar las hojas y coleccionar marcapáginas… Supongo que soy una romántica. Además, que mi ebook se empeñe en cronometrar cuánto tardo en leer una página y calcule el tiempo restante de lectura me produce cierta angustia. Prefiero leer sin prisa, pero sin pausa, marcando mi ritmo y viviendo la satisfacción, y tristeza, de ver que el libro va llegando a su fin.

Sin embargo, parece que España sigue persiguiendo el romanticismo, y la cultura en general. Un libro que he fichado recientemente (en tapa blanda) cuesta en nuestro país más de treinta euros, mientras que su versión inglesa no llega a los trece. Lo mismo pasa con los cines. La industria se queja de que los cines están muriendo, pero dos horas de película y un cubo de palomitas se han convertido en un lujo que no todo el mundo se puede permitir.

No quiero que cierren las librerías. Desde pequeña siempre han sido uno de mis lugares favoritos, desde que empecé con Harry Potter, pasando mi adolescencia A tres metros sobre el cielo  y ahora adentrándome en los mundos de la no-ficción. Sin embargo, a pesar de que sigo disfrutando cada vez que compro un libro físicamente, no siempre es fácil. Mi bolsillo cada vez está más resentido y buscar un título que se aleje de los bestsellers a veces se convierte en una odisea. Por eso no es de extrañar que un 40% de españoles no lea, no es que no quieran, es que no siempre se puede.

El Gobierno debería conseguir que la cultura deje de ser un bien de lujo y pase a ser uno de primera necesidad. Hay que potenciar el hábito de lectura en los colegios, que los videojuegos convivan con los libros en los deseos de los niños, y que seguir con la lectura en la vida adulta no sea tan complicado.

Yo creo que el papel y las librerías siguen gustando, pero hay que llegar a la raíz del problema para solucionarlo. Mientras no disminuyan los precios, la gente buscará las opciones más sencillas y baratas, y los establecimientos tradicionales seguirán cerrando. Tristemente es una mala época para los románticos.

 

Imagen destacada:  Librería Nicolás Moya. Fuente: El Confidencial.

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OPINIÓN | El 9-M

Más de cinco millones de personas han parado. Con fuerza, con garra y con esperanza por un futuro mejor. Los sindicatos UGT y CCOO han cifrado así el número de trabajadores que han participado, de forma total o parcial, en la huelga feminista del 8 de marzo. Numerosas ciudades españolas se han teñido de morado para reivindicar igualdad de derechos y denunciar la violencia machista.

Cualquier mujer debe sentirse orgullosa de las millones de personas que han marchado. Y de las que no lo han hecho: porque no las han dejado, porque han sentido miedo, pero apoyan la causa, también. El pueblo ha alzado la voz contra una de las peores lacras de Occidente, la que cada año deja muertes a su paso y heridas en el alma. Pero esto no se acaba aquí, ¿y mañana qué? El 8-M pasará a la historia, pero lo que realmente importa es el futuro. Las mujeres han tenido que parar, y parar el mundo, con el fin de demostrar que un país se hace entre todos. Sin embargo, esto no es lo que realmente quieren. Las mujeres -nosotras- queremos trabajar tan duro como cualquiera, queremos disfrutar de nuestra familia, queremos tener libertad y, sobre todo, queremos vivir sin miedo. Hoy nos retiramos con el orgullo de la victoria, pero está en manos de mucha más gente definir qué pasará mañana. No sirve de nada una Ley de Igualdad si quien debe cumplirla, la ignora. Al igual que suena a chamusquina que de los casi setenta mil cargos públicos de más alto nivel, tan solo veinticinco mil estén ocupados por mujeres.

Son muchos los aspectos que quedan por luchar hasta lograr los mismos derechos, y muchas mentes que cambiar hasta que todo el mundo vea que la igualdad no entiende de géneros. Este 8-M ha supuesto un éxito, pero la verdadera victoria llegará el día en el que no haga falta recordar por qué las mujeres son tan importantes. El 8 de marzo es de ellas -nosotras- pero el 9 de marzo es trabajo de todos.

Multitud de pancartas y lemas llenan las calles de Bilbao // Edu Del Fresno

 

Foto de portada: Miles de mujeres marchando en Bilbao durante la huelga feminista del 8-M // Edu Del Fresno

OPINIÓN | Amaia solo hay una

Segundas partes (casi) nunca fueron buenas, y si no que se lo digan a Grease, El Exorcista o Dirty Dancing, grandes clásicos cuyas secuelas se convirtieron en absolutos fracasos. La posibilidad que tiene una película o un programa de televisión de triunfar después de su exitoso predecesor es mínima, especialmente cuando la totalidad del reparto cambia. Este es el futuro que parece esperarle a Operación Triunfo, la niña bonita de Televisión Española.

La cadena anunció hace varios días su renovación para octubre y, hasta la fecha, todo han sido críticas. Y no es de extrañar. Después del fenómeno creado por la nueva generación de triunfitos, a los que seguimos encontrando hasta en la sopa, nadie concibe una gala sin los “buah, qué horror” de la ganadora Amaia, el sapoconcho de Roi o la obsesión de Aitana por su flequillo. Los concursantes de OT han conseguido unir a una nación entera, algo que no ocurría desde hace más de quince años en un talent, o desde que Iniesta hizo historia en el Mundial de fútbol. TVE ha sabido adaptar, con mucha gracia y esmero, el formato a las nuevas generaciones, pero la fórmula no les va a durar para siempre. La gente quiere a sus dieciséis concursantes de Operación Triunfo 2017 y, aunque seguro que España rebosa talento, no va a ser lo mismo. El público siempre recuerda a los primeros, y después se dedica a buscar comparaciones. Ya ocurrió en la primera edición del concurso, de la que salieron algunos grandes como Rosa de España, Bisbal o Chenoa, pero ¿quién se acuerda de los participantes de las siete siguientes? El desgaste provocó que un formato innovador acabase cancelado de mala manera y con mal sabor de boca.

Todavía queda Operación Triunfo para rato: los conciertos, las firmas de discos, el documental y Eurovisión, por lo que octubre suena a ‘resacOT’ de los grandes. La cadena debería darle un respiro al formato, aunque el éxito obtenido en la última edición le empuje a hacer lo contrario. Porque por mucho que no lo vean, o no lo quieran ver, España no es tonta, y Amaia solo hay una.

 

Foto de portada: Amaia Romero, ganadora de Operación Triunfo 2017 // RTVE

OPINIÓN | Derechos LGTBI o luchas partidistas

Cuando en junio de 2017 se consiguió que un partido conservador como el PP aceptase respaldar la tramitación de la Ley de Igualdad LGTBI parecía que las cosas iban por buen camino. Este pacto permitió al PP participar, por primera vez en la historia, en la Marcha del Orgullo Gay de Madrid y borrar algunos tropiezos que habían con el colectivo. Su mala fama acecha desde que en 2005 la mayoría de partidos aprobaron el proyecto de ley sobre el matrimonio homosexual, con el rechazo del PP y de Unió Democrática de Catalunya. Sin embargo, el Partido Popular parece dispuesto a dar pasos hacia atrás por la lucha de la igualdad LGTBI, o al menos así lo ha demostrado con su enmienda de treinta y tres artículos de supuesto apoyo a la asociación.

Esta propuesta sustituye a la Ley de Igualdad LGTB elaborada por la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) con apoyo del partido Unidos-Podemos. La indignación del presidente de la asociación, Jesús Generelo, no es de extrañar. El texto del PP prescinde de temas relevantes como las sanciones a los delitos de odio, la formación en diversidad en escuelas y los derechos de filiación. Resulta contradictoria la visible falta de apoyo al colectivo cuando entre sus militantes de Nuevas Generaciones cuentan con gran número de jóvenes abiertamente homosexuales.  No se sabe si es una cuestión de valores y creencias, o una absurda lucha partidista por que la ley aprobada sea la propia y no la del de al lado. Detrás del colectivo esperan miles de ciudadanos con nombre y apellido, tantos que las cifras calculan que España es el segundo país europeo con más población LGTBI, y lo que buscan estas personas son igualdades y derechos. No importa que vengan firmados por el PP, el PSOE, Unidos-Podemos, Ciudadanos o cualquier otro partido.

La política española debe dejar de aparentar tanto, y actuar más. No en su beneficio, sino en el de aquellos que se van a ver afectados por sus decisiones. Quizá para el PP aceptar la Ley de Igualdad LGTB de otro partido parezca una derrota, pero en materia de derechos y libertades hay que ordenar las prioridades, y a la larga se podrá convertir en una auténtica victoria.

 

Foto de portada: Los derechos LGTBI son un aspecto más de las luchas partidistas en España // CC Flickr – DAVE PITT

Las cabezas de Javier S. Medina se unen a la moda española

Entre calles, y pasando casi desapercibido, podemos encontrar el pequeño taller de artesanía de Javier S. Medina (c/ el Escorial, 28 de Madrid). Una clienta, aparentemente extranjera, consigue chapurrear una mezcla entre inglés y español para explicar su indecisión sobre si llevarse la cabeza de un toro o de un burro. “Volveré con mi novio on Saturday, para decidirlo juntos”, dice antes de marcharse.  No es de extrañar que el trabajo de Medina haya traspasado fronteras. Entrar en su tienda, en el epicentro de Malasaña, te hace trasladarte a otros tiempos. Dejar atrás el bullicio de la ciudad y adentrarte en un espacio en el que la calma se respira en el ambiente.

La decoración del taller está hecha por el propio Javier a partir de piezas que consigue en sus viajes // ANDREA PROENZA

Este artesano extremeño montó su pequeño negocio hace tan solo 3 años y medio. Sin embargo, su infancia siempre ha estado muy ligada al campo y la naturaleza. Lleva la artesanía en las venas. Su abuelo ya se dedicaba a fabricar alfombras, mientras que su padre y su hermano también participan en el proyecto de las cabezas de animales. Medina sabía que quería crear algo que fuese un guiño al país y, aunque al principio construía multitud de animales, más tarde se enfocó en los que más demandaba el público: toro, burrito, rinoceronte, búfalo, reno y ciervo. Son lo que él llama “trofeos ecológicos”.

Antes de tener el taller, Medina empezó a crear las piezas en su casa. En ese momento era incapaz de imaginarse la popularidad que sus creaciones adquirirían unos años más tarde. Publicaciones como AD o Nuevo Estilo ya se han hecho eco de su trabajo. “Estamos a punto de abrir un segundo establecimiento, que funcione como galería y taller para impartir cursos. Además tengo otro proyecto en Jamaica y estamos vendiendo a países como México, Argentina, Los Ángeles o Japón”, apunta Javier.

Se pueden encontrar las creaciones de Medina en varios tamaños e incluso personalizados // ANDREA PROENZA

En una época en la que parece que todo avanza a pasos de gigante, Medina busca pararse un momento y recuperar la nostalgia del pasado. La tradición española está muy presente en sus creaciones, gracias a los toros, los bueyes y los burros; y especialmente en los materiales, como el esparto, característico del sur de España y protagonista de sus cabezas decorativas. “Este material se utilizaba para sacar el suero de los quesos, a través de un molde de pleita que prensaba el queso y que se sujetaba por un cordel”, cuenta el hermano de Medina en el taller.

La industria de la moda española también se ha dado cuenta del talento de este artesano, que hace encargos a nivel mundial y en cuya lista de clientes se puede encontrar a la mismísima Sarah Jessica Parker. Es por ello que, con motivo de la semana ‘Madrid es Moda’,  el festival de moda urbano impulsado por la Asociación Creadores de Moda de España (ACME), han creado la exposición Fashion and Fierce. En este proyecto fotográfico, realizado por Pablo Panigua, se unen los diseños de importantes figuras como Hannibal Laguna, Dolores Cortés o Jorge Vázquez, junto a las cabezas de Medina. Gracias a los estilismos de Mayte de la Iglesia se busca “unir el lado más salvaje con la más exquisita sofisticación”.

Diseño de Dolores Cortés reflejado en el espejo Estrella, también creación de Medina // ANDREA PROENZA
La exposición ‘Fashion and Fierce’ con fotografías de Pablo Panigua y diseños de Hannibal Laguna, Dolores Cortés, Duyos, entre otros, se mostraron por todo el taller // ANDREA PROENZA

Además de este último proyecto, De la Iglesia también apadrinó a Medina en The Creative Spot Madrid de Las Rozas Village, un espacio para celebrar la artesanía de lujo en España. “Mi trabajo y la moda van muy cogidos de la mano, es importante que en este país se esté empezando a apreciar la artesanía”, afirma. Esta sinergia de industrias también se muestra en su colaboración con la diseñadora Carlota Barrera, participante del London Fashion Week Festival, para la que creó una chaquetilla de felpa.

Aunque admite que fue una auténtica locura, Medina está muy satisfecho de haber apostado por la artesanía para expresar su creatividad. Hoy en día cada vez más personas están empezando a apreciar el valor de las técnicas tradicionales y todos los ámbitos, desde la decoración hasta la moda, se están dando cuenta del auténtico significado de calidad.

En la actualidad se están recuperando las técnicas tradicionales y el valor de la artesanía // ANDREA PROENZA

 

Foto de portada: Las cabezas de burro de esparto forman parte de la oferta de Javier S. Medina // ANDREA PROENZA

OPINIÓN | Mucho más que “cuatro trapos”

A mediados del siglo XIX hubo un señor llamado Charles Frederick Worth considerado como el padre de la Alta Costura. Este inglés no sólo instauró en la moda el valor de arte, que hasta entonces solo tenían otras disciplinas como la pintura o la escultura, sino que también comenzó el concepto de la moda como negocio.

Desde finales del siglo XIX y durante el siglo XX, aquellos que se dedicaban a este sector, como Paul Poiret, Coco Chanel, Cristóbal Balenciaga o el nombrado Worth, eran consideradas personas muy relevantes en la sociedad. Por el contrario, hoy en día decir que te dedicas al mundo de la moda es sinónimo de risas y comentarios con aires de superioridad.

Lo que tal vez no saben estas personas es que, según un estudio de la asociación Creadores de Moda de España (ACME), solo en nuestro país la moda española factura más de 400 millones de euros al año. Dedicarse a la moda va mucho más allá de decir que te gusta ir de compras y juntar “cuatro trapos”. La moda es economía, es cultura, es historia, es análisis, es creatividad, es infinidad de cosas. Se trata de una industria que está presente en el día a día de todas y cada una de las personas del mundo, desde su versión más ‘low cost’ hasta los mayores estándares del lujo. Para que cada persona pueda vestirse cada mañana tiene que haber un gran engranaje detrás que permita que esa camiseta y ese pantalón partan de un diseño en papel, se transformen en unos patrones que luego son impresos en la tela, cortados, cosidos, empaquetados, distribuidos y vendidos en tienda.

¿Es un mundo frívolo? ¿Hay muchos egos subidos? Es posible. Pero, ¿acaso no los hay también en el derecho, la medicina o la arquitectura? Mucha gente parece olvidar que también es una industria creativa, cambiante y apasionante. Que la gente que vive de la moda es una entusiasta de su trabajo y que siempre tiene que estar pensando nuevas ideas y nuevas formas de comunicar y de llegar a la gente. Se trata de una industria con mucho trasfondo, con multitud de perfiles y que sigue dando trabajo a millones de personas. Javier de Rivera Mendizábal, consultor en Estrategia y Desarrollo Organizacional y profesor asociado de ISEM Fashion Business School, lleva más de 25 años trabajando en el sector y para él “la moda tiene un propósito, unos valores, una visión y una estrategia”.

Por lo tanto, ya es hora de dejar de decir que la moda no tiene salidas y que es un mundo superficial. La moda es un arte que lleva siglos entre nosotros, que seguirá estando presente durante muchos siglos más, y que, como arte que es, seguirá teniendo sus detractores. Aquellos que hablen sin saber podrán seguir intentando desprestigiar esta industria que mueve millones pero, lo que está claro, es que muy a su pesar… La moda es mucho más que “cuatro trapos”.

 

Foto de portada: La industria de la moda española sigue estando muy infravalorada // CC Flickr – LYNN FRIEDMAN

Madrid, cuna de lo castizo y lo contemporáneo – Charla ‘Never been to Madrid’ en El Imparcial

“¿Qué se cuece en Madrid?” es lo que muchas personas, especialmente aquellas con un ojo más crítico, se están preguntando ahora mismo cuando caminan por la capital española. Una ciudad en la que confluyen diferentes estilos, gustos e intereses; donde se puede encontrar desde lo más castizo hasta lo más contemporáneo.

“¿Qué se cuece en Madrid?” también es la pregunta lanzada por Laura S. González de Araújo, filósofa y socióloga de moda, para iniciar la charla-coloquio ‘Never been to Madrid‘ que modera en El Imparcial, un espacio híbrido de referencia en Madrid que mezcla moda, arte, cultura y gastronomía. Una de sus salas, pequeña pero abarrotada, espera la respuesta de Liam Aldous, corresponsal en España de la revista Monocle, y de Igor Ramírez García-Peralta, fundador de Solar Magazine.

“Madrid es la ciudad de la que todo el mundo dice haber escuchado cosas geniales, pero que nunca ha estado”, afirma Ramírez. En el ámbito de la moda pasa algo parecido. En España, y más concretamente en Madrid, hay multitud de buenas ideas y proyectos procedentes de gente joven, con inquietudes y pasión por lo que hacen. Sin embargo, la falta de cultura de gestión del país provoca que muchos de estos jóvenes, tanto los que acaban de empezar como los que ya se han creado una marca más consolidada, se vean obligados a trasladarse al extranjero debido a la falta de interacción y arropo que les proporciona la ciudad. “Es el ‘autopaletismo’ de España el que provoca que la gente busque el éxito en el extranjero para que su marca adquiera valor”, añade González de Araújo.

‘El Imparcial’ es un espacio híbrido que mezcla moda, arte, cultura y gastronomía // ANDREA PROENZA

Esta crisis de gestión también se traduce en el ámbito de la prensa de moda. Es cierto que el sector se está viendo afectado, pero la moda sigue contando con fuertes cabeceras como Vogue o ELLE, cuyas ventas no se han visto tan perjudicadas. Los mayores ingresos de la prensa especializada provienen de la publicidad, especialmente de grandes marcas que pueden permitirse los astronómicos precios que supone una página de publicidad en cualquiera de estas revistas. En este contexto, las más perjudicadas son todas aquellas cabeceras más pequeñas que no cuentan con el prestigio suficiente para subsistir de las ventas, y por las que la publicidad tradicional no apuesta. Hace veinte años, la prensa de moda tenía una finalidad mucho más ligada al entretenimiento, mientras que ahora también informan e invitan al lector a reflexionar. “Las propuestas pequeñas deberían tener más apoyo. Hay proyectos muy interesantes, como la revista Perdiz, que trata sobre cosas que hacen feliz a la gente”, comenta Aldous.

Además de estos pequeños proyectos, es cierto que poco a poco en Madrid se están intentando cambiar las cosas y apostar por productos novedosos y elevar el prestigio de la ciudad a la categoría de otras ciudades como Londres o Milán. Este es uno de los proyectos a largo plazo de Charo Izquierdo, la actual directora de la Mercedes Benz Fashion Week de Madrid, que ha empezado a trasladar los desfiles a puntos icónicos de la ciudad, alejándolos del pabellón IFEMA. Otro de los eventos destacados fue la inauguración de la exposición ‘Loewe: Pasado, Presente y Futuro’, a la que asistió el propio director creativo de la marca, Jonathan Anderson, además de otras personalidades del mundo de la moda. Esta fiesta del lujo provocó mucho ruido a nivel internacional, situando a la ciudad un poco más cerca de los altos estándares de la industria.

No hay lugar a duda de que Madrid está intentando hacerse hueco y convertirse en una ciudad de referencia para la cultura, la moda y el arte a nivel internacional. Uno de los nuevos locales de moda de la ciudad, Sala Equis, es muestra de que España tiene la materia prima necesaria para hacer cosas interesantes. Con un poco más de confianza en lo propio y autóctono, cualquiera se dará cuenta de que en Madrid se cuecen muchas más cosas de las que imaginamos.ç

 

Imagen de portada: Liam Aldous, Laura S. González de Araújo e Igor Ramírez García-Peralta, durante la charla en El Imparcial // ANDREA PROENZA